Fever



Tengo el recuerdo borroso y amarillento de esa noche. Supongo que lo borroso fue consecuencia del vino, y lo amarillento por el foco de tungsteno de tu estudio. En mi cabeza también hay un abrigo, unas gafas de sol y las más variadas sensaciones, que van desde la euforia del baile, hasta el escalofrío de un resfrío despiadado. No en ese orden obligatoriamente. 

Llegué tarde a tu casa. Tú me esperabas con una botella de vino descorchada y unas ganas incontenibles. No podría asegurar esto último pero, a juzgar por tus acciones, o era eso o... o nada, era eso. 

Nos bebimos el vino en la sala, yo acostada en el sillón y tú sentado, sosteniéndome los pies. Me contaste de qué iba el poster colgado en la pared, mientras masajeabas mis pies. No recuerdo mucho más de ese instante. La siguiente imagen fue la misma botella vacía y un par de cervezas repartidas en la mesa de centro, obviamente, sin nada en ellas. Nosotros ya no estábamos ahí. 

Tu estudio me recordó al de mi abuelo. El piso de madera crujía con cada paso, pero se opacaba por la alfombra roja. Las paredes estaban cubiertas por discos, a diferencia del de mi abuelo que tenía libros, los mismos que desprendían ese olor tan particular, el aroma de la nostalgia. 

Para ese entonces yo ya no tenía puestas mis medias, y recuerdo la suave y cálida sensación de la alfombra en mis pies. Te dije que tu departamento parecía Nanegalito y nos reímos. Acto seguido abriste la puerta que daba al balcón y me pediste que te acompañara a fumar un tabaco. Mis pies fueron los primeros en sentir el cambio brusco de clima y comencé a tiritar. Ahí fue donde el abrigo entró en escena. No recuerdo bien cómo, pero después de un momento lo tenía puesto y me quedaba bastante grande. 

Supongo que hablamos mucho, lo cierto es que no recuerdo sobre qué. Lo que sí recuerdo es que mientras sonaba la música, yo veía todos tus discos y te tenía ganas. Te acercaste por atrás y me abrazaste. Bailamos así, abrazados. Creo que fue alguna canción de salsa porque dimos vueltas y vueltas, y ahí me fui un poco al carajo. Entre canción y canción encontré en un estante unas gafas viejas y rotas. Me explicaste que tu papá te las regaló hace muchos años y me las pusiste. Poco a poco me iba convirtiendo en ti y tus antepasados. 

No sé cómo nos saltamos de la salsa a los ochenta, pero me acerqué a la computadora y escogí I wanna dance with somebody de Whitney Houston. Éramos dos borrachos eufóricos cantando I wanna dance with somebody, with somebody who loves me… Éramos dos borrachos felices girando y girando, mientras comenzábamos a sentir nuestra respiración acelerada y el calor de nuestros cuerpos, o lo que Whitney llamaría the heat (I wanna feel the heat with somedoby…).

Nos reímos, nos besamos, nos tocamos. Nos tocamos mucho y de un modo desesperado. Creo que estuvimos esperando esto toda la noche. También creo que siempre tuvimos esta relación cómplice, esta amistad con lujuria, este compañerismo sexual. 

La siguiente escena la vivimos en tu cuarto y fuiste tú el que, antes de dirigirnos ahí, puso en la compu Let my love open the door de Pete Townshend. Lo último que recuerdo es nuestra cara de alegría y vergüenza. Lo primero, porque realmente la estábamos pasando bien, y lo segundo, porque creo que ni tú, ni yo teníamos la intención de terminar la noche saltando en tu cama totalmente desnudos. Ahí es donde entró en escena el resfrío despiadado, pero esto lo supe recién hoy.

No pasó nada más que eso, estoy segura. Ten la certeza de que si hubiese pasado, lo recordaría. Lo digo por ti y por mí. Lo digo porque habría sido épico, pero no fue. Creo que es mejor así porque esta relación merece ese nivel de picante para mantenerse a salvo. 

Recordar esto desde mi cama con vicksvaporub, jengibre y miel, 38° de fiebre y unos malditos escalofríos, me hace dudar de la veracidad de los hechos. Eso y lo endeble de la memoria. Pero no hablemos de eso porque lo uno lleva a lo otro y estas erosiones de la mente me llevan a lo borroso de la noche, y eso, a su vez, al chuchaqui que me acompaña hoy por hoy.

Fever / Etta James

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